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La verdadera adoración (II)

Fecha: 10/10/2004  |  Autor: Eduardo Gavilán  |  Serie: La verdadera adoración
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La verdadera adoración te lleva a conocer profundamente el corazón de Dios. Cuando aprendemos a adorar a Dios en espíritu por medio del Espíritu Santo, y llegamos ante el trono de su gracia por la sangre de Jesucristo, y tenemos fe para ver lo invisible, entonces veremos lo que nunca antes habíamos visto.

Llegaremos a un conocimiento pleno de quién es Dios en realidad y que representa para mi vida. La adoración genuina y verdadera es la llave que te da acceso al corazón de Dios. Si quieres conocer lo profundo del corazón del Padre, aprende a adorarlo con toda tu vida.

Por eso en estos momentos seguiremos hablando de esos factores que necesitamos para que haya una adoración verdadera, ya que sin esta se nos haría imposible conocer a Dios. Hablamos anteriormente de la comunión con el Espíritu Santo, de la aplicación de la sangre de Jesucristo y de tener fe. Ahora mantén abierto tu corazón para las siguientes palabras.

4. Determinación

"Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse... En todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey los consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino (Daniel 1:8, 20)".

Si queremos dar una verdadera adoración debe haber en nuestros corazones la determinación de buscar a Dios, y determinación de apartarse del pecado. Tenemos que cultivar la determinación para poder conquistar la presencia de Dios. ¿Sabías que cuando determinas buscar a Dios, y determinas apartarte del pecado, estás adorando a Dios?

La Palabra declara en Salmos 96:9 que debemos a adorar a Dios con la hermosura de la santidad. Si quieres que tu adoración atraiga la cobertura de Dios a tu vida debes adorar en santidad. Es por eso que el libro de los Hebreos declara que sin santidad nadie verá el rostro de Dios. Determina en esta hora buscar a Dios, y apartarte de todo aquello que sabes que es piedra de tropiezo en tu camino.

A veces nosotros los cristianos somos inmaduros, y buscamos las cosas que sabemos que están mal y que nos pueden hacer caer. Y aún así persistimos en buscar el pecado. Aprendí una dura lección personal: "el que busca, encuentra". Si buscas la gloria de Dios, la encontrarás. Pero si buscas el pecado, también lo encontrarás, y la Biblia dice que el pecado concibe y da a luz a la muerte.

Proponte en lo profundo de tu corazón no servir a dioses ajenos, ni a contaminarte con la porción del rey. Determina ser diez veces mejor, como Daniel. No un poco mejor, no seis veces mejor, sino diez veces mejor que antes. Determina ser mejor cristiano, mejor esposo, ser mejor novio, ser mejor hijo, mejor estudiante. Sé en todo diez veces mejor, porque Dios te ha dado la capacidad para lograrlo.

5. Anhelo de ver Su gloria

"El entonces dijo: Te ruego que me muestres tu gloria (Éxodo 33:18)".

La verdadera adoración implica un hambre y sed de su presencia. Debes tener hambre de Dios, debes tener sed de su presencia. Así como la persona sediente busca el agua desesperadamente y no descansa hasta que no la encuentra, así mismo debe ser nuestra hambre de Dios: no dejar de buscarlo hasta encontrarlo a Él y a su gloria.

Muchas personas no tienen tanta intimidad de Dios por falta de anhelo de ver su gloria. No conocen el efecto que produce anhelar el esplendor de Dios y adorarle como es debido. En Éxodo 33:14 Dios le responde a Moisés diciéndole que Su presencia siempre irá con él. La adoración genuina te ata a la presencia de Dios, provoca que el Espíritu Santo te acompañe siempre.

Esto del evangelio y caminar en Cristo radica en andar siempre con la presencia y gloria de Dios, guiándonos y cuidándonos. Ayudándonos a caminar como es debido delante de los ojos de Dios.

Ahora te diré algo: no es lo mismo sentir la presencia de Dios, que ver cara a cara a Dios. Muchas veces nosotros vamos al culto, y sentimos ese fuego y esa electricidad que recorre nuestros cuerpos cuando el Señor se hace manifestar. Pero cuando acaba el culto, salimos igual que como entramos. Seguimos pecando allá fuera, seguimos viviendo como nos da la gana. En fin, no fuimos transformados por Su presencia, porque nos conformamos con sentir ese "fueguito" y listo.

Sin embargo, ver cara a cara a Dios te lleva a sufrir una transformación sin precedente. Cuando ves a Dios cara a cara eres confrontado por Su presencia, y su gloria comienza a cubrirte y renovarte. Eres transformado como Moisés, cuando su rostro resplandeció a causa de la gloria de Dios. El Señor transforma tu vida y corazón cuando lo ves cara a cara.

No te digo que sentir el fuego de Dios es malo, al contrario, es parte de sus manifestaciones. Pero Dios quiere que entiendas en esta hora que hay un más allá de ese simple fuego. Hay una gloria postrera que nos está esperando, y Dios quiere que la alcanzemos. Hay más Dios para nosotros. Hay muchas más bendiciones y manifestaciones de Dios que la que nosotros pensamos.

Anhelar ver Su gloria nos permite tener experiencias con Dios y ser completamente transformado por el poder de su Santa Presencia.

Tienes que aprender a ser como el joven Samuel, que ministraba a Dios con una adoración sencilla, humilde, pero que hacía derretir el corazón del Señor. Aprende a ministrar a Dios con tu vida. Dios no puede resistirse ante personas que lo aman de verdad y lo adoran con todas sus fuerzas, y Dios termina derramando su santa unción sobre esas personas.

Dios espera la mejor adoración de ti y de mí. Entonces, le daremos a Dios lo que su corazón espera de nosotros: una adoración que conmueva su corazón, y nos permita ser transformados por medio de su poder.

Tenemos que anhelar ver su gloria; y para eso debemos determinar conquistar su presencia y determinar apartarnos del pecado. Y por medio de la fe llegarnos confiadamente ante el trono de gracia, permitiéndo a la sangre de Jesucristo limpiarnos y liberando nuestras vidas del pecado. Y así el Espíritu Santo traerá el modelo y vida de Jesús sobre nosotros, para que seamos perfectos en Cristo Jesús.

Vive cumpliendo estos factores necesarios, y te aseguro avivamiento de la llama del Señor sobre tu corazón. Éste es tu día para ver lo que Dios ha preparado y prometido para ti desde antes de la fundación del mundo.
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